Antes que nada quiero hacer mención a una nueva sección que aparece en la barra derecha de vínculos. Es una sección de videos que nace a raíz de una conversación con Alfonso y Alba, en la que me enteré de que no habían visto “Amanece que no es poco” y “The rocky horror picture show”. Horrorizado decidí que había que instruirlos en la fe del cine y como una cosa llevó a la otra en lugar de un vídeo he puesto trece. Bueno, iré actualizándola gracias en parte a lo que Javi cuelga en el Facebook y a lo que tengan a bien mandarme.
En fin, al lio.
Estos días ando buscando casa como más de uno ya sabe. La cosa sigue en proceso, aunque mañana espero tenerlo cerrado.
Buscar casa no es una tarea fácil si eres de los que, como yo, le das una especial importancia al lugar donde estás. Lo cierto es que no todos nos relacionamos de la misma manera con el espacio que transitamos u ocupamos en nuestras vidas. Hay ciertas personas que llevan su papel en el mundo independientemente del lugar físico que ocupen en el, ya que su felicidad o infelicidad, sus sentimientos y la manera de vivir la vida, les es ajena a un lugar concreto.
Otras personas, como es mi caso, nos relacionamos íntimamente con el espacio y lo ocupamos haciendo de él una parte fundamental de nuestra alma. En ese espacio nos sentimos arropados, cuidados y a salvo. Son personas que huyen de los “no lugares”, incapaces de habitar entornos ajenos a su persona y que rápidamente ponen la foto de un ser querido en la habitación de un hotel o cuelgan un cuadro en las paredes de la nueva casa. Una planta en el despacho, una figurita en la mesa o un libro encima de la mesilla son fundamentales para apropiarse de un lugar, para hacerlo tuyo.
Quizás sean personas más felices las del primer grupo, ya que su estado de ánimo no se ve influido por un lugar u otro y depende más del amor que llevan dentro. Es posible que así sea, pero desde hace veinte días vengo buscando un lugar donde reposar (suena a muerte) y no termino de encontrarlo. Si aún no lo he encontrado es porque le doy mucha importancia al entorno en el que retomar el viaje. Un cálido suelo de madera, y no estos terribles y fríos suelos de gres que en Murcia tienen tan de moda poner en las casas, o una cómoda cocina, son aspectos que considero fundamentales para la elección de una casa, por no hablar de la presencia de plantas, las paredes plagadas de fotografías y las velas, muchas, muchas velas.
Los hospitales, por poner un ejemplo, son lugares que sigo sin entender. Habrá quien considere que una buena atención médica es indiferente del entorno en el que la recibas. Muchos son los enfermos que pasan por esas frías y desoladoras habitaciones sin encontrar problema alguno y ni siquiera verse afectados por la absoluta deshumanización de los espacios, pero está demostrado que cierta arquitectura y la interacción de un espacio agradable y cálido es beneficiosa para el bienestar de un paciente y de la gente en general. Algunas de las corrientes arquitectónicas más interesantes se dirigen en esa línea de la Arquitectura terapéutica, el espacio como parte de la cura.
Es evidente que no todos reaccionamos a los mismos estímulos, y lo que en mi caso puede resultar terapéutico y agradable no tiene por qué serlo para cualquier otro individuo, pero a grandes rasgos, los estímulos positivos son los mismos para todos. Debemos por tanto hacer de los espacios una parte más de nosotros mismos, extendiendo nuestras raíces y apropiándonos de cada objeto que en ellos encontremos. Llevemos pues, flores a los hospitales, fotos de los seres queridos, música, tele, juguetes o cualquier cosa que nos haga sentir más en casa, más protegidos. Hagamos de nuestra mesa de trabajo un álbum de fotos, pongámosle plantas, el trofeo del “mejor padre”, la taza de “los Simpson” y todo aquello que se nos ocurra o nos resulte positivo. Vayamos metamorfoseando los “no lugares” en lugares, en “nuestros lugares”.
Nada más, sean felices.
A mi dulce Desubicada que está malita le mando el más cálido de los besos y todo mi cariño.